Orden y progreso en la era K
Posiblemente, sin saberlo, estemos ante una reedición de la problemática con que se encontraron nuestros gobernantes en el último cuarto del siglo XIX: asegurar el orden para poder progresar.
El presidente Roca lo dijo claramente en su mensaje al Congreso, destacando que usaría todos los resortes del Estado para reprimir cualquier perturbación del orden o cualquier levantamiento contra la autoridad nacional.
¿Que pasa hoy? ¿Son comparables las situaciones?
Los gobernantes argentinos del último cuarto del siglo XIX tuvieron una preocupación excluyente: asegurar el orden interno. Habiendo orden interno, la burguesía agraria y exportadora podría desarrollarse. Y a la vez, aportar financiamiento para el estado, el cual a su vez lo reinvierte en desarrollar los mecanismos adecuados para la consolidación del orden. Dijo también el presidente Roca: "Paz y Administración", en clara concordancia con este objetivo.
¿Y qué factores podían perturbar el orden necesario para el desarrollo de los negocios? En primer lugar, el caudilaje levantísco, del cual, Peñaloza, Varela, López Jordán, constituyeron los últimos estertores. Curioso fue que hombres del orden, como Mitre y Tejedor, asumieran posturas atentatorias contra la consolidación de la "autorictas" del estado nacional. En segundo lugar, los aborígenes del sur, que con su presencia impedían la incorporación de miles de hectáreas de territorio para la actividad agropecuaria. Todos estos problemas fueron oportunamente solucionados, y para 1880 Roca recibía un estado en funcionamiento, operando, y con un aparato represivo listo para actuar en cualquier punto de la República.
Estamos hoy ante una nueva necesidad de orden, orden que permita el progreso. ¿Cuáles son los factores que pueden perjudicar ese orden? Varios. En primer lugar la potencial -y también actual- actividad demandante de amplios sectores de la sociedad excluidos del aparato productivo. En segundo lugar, la actividad desestabilizadora de algunos sectores de la sociedad que detentan poder informal dentro de ella, pero no por eso menos amenazante.
Contrariamente a lo que puedan reclamar algunos sectores de la sociedad, en el sentido de aplicar lo que vulgarmente se llama "mano dura", el presente gobierno se caracteriza por resistir la recurrencia a políticas de este tipo. En esto guarda una particular coherencia con su política de derechos humanos y de revisión del pasado reciente vínculado a los abusos cometidos durante el último gobierno de facto.
Tal como están las cosas el día de hoy, bien sea por íntima convicción, bien sea por que una política represiva contribuiría a generar caos antes que orden, este gobierno apunta a la implementación de políticas sociales basadas en la transferencia de recursos a estos sectores excluidos.
Que una persona quede fuera del circuito productivo es una cosa, pero quedar fuera del circuito de consumo, es otra.
Sería interesante considerar como influye esta transferencia de capacidad de consumo a estos sectores excluidos, sobre la generación de actividad economica para los sectores llamemosles "incluidos".
Para que se entienda: una persona que recibe un subsidio en caracter de asignación universal por hijo, o por una plan jefes o jefas de hogar, o por el canal que fuere, es una persona que está consumiendo algún producto, algun bien, generado por la actividad económica. Es decir, son parte de la demanda.
Si hubiera que atender al reclamo de algunos sectores medios de la sociedad, por el cual, los beneficiarios de estas asignaciones no producen nada y por lo tanto es injusto darles estas asignaciones, habría que hacerles notar que en realidad lo que se esta haciendo, ademas de contribuir en algo a satisfacer las necesidades de estos sectores excluidos, es generar consumo y sostener la actividad económica.
Las asignaciones sociales permiten entonces 1) cubrir en alguna medida las necesidades de los sectores excluidos -desde ya que no les van a solucionar la vida-, 2) mantener el nivel de actividad económica de algunos segmentos del aparato productivo que de alguna manera trabajan para ese mercado interno, y 3) preservar algun nivel considerable de orden social, necesario para el desarrollo de las actividads económicas.
Sería ocioso decir que si un desocupado no tuviera la oferta del estado para acceder a alguno de estos planes sociales, -que a su vez le permite por lo menos poner algo sobre la mesa de su casa- esa persona es un potencial piquetero, o aun peor, un potencial criminal.
A diferencia de Roca, no podemos hay asegurar el orden con los Remington. No podemos y no debemos. La solución no es la más adecuada. Pero debería verse esto como algo transitorio, como una etapa dentro de un proceso mas amplio.
Roca y los que le sucedieron en el tiempo, entiendieron que la solución represiva sirve por que es efectiva en lo inmediato, pero no lo es asi en el largo plazo -un gobierno no puede sostenerse exclusivamente por su fuerza represiva-. Por eso la acompañaron con la herramienta de largo plazo, es decir, la educación.
Este gobierno acierta en la solución inmediata, y se ha sabido administrar lo suficientemente bien como para poder implementarla, dado que los millones que se destinan en asignaciones son salen de la nada.
A su vez, y al igual que los dirigentes de fin de siglo XIX, apuntan especialmente a la educación, la solución de largo plazo, aunque sin tocar por ahora, a mi criterio, los puntos neurálgicos de reforma.
En síntesis: la formula de orden y progreso sigue tan vigente como antes. Sólo que ahora el orden deviene de la ayuda estatal, no de la boca de los fusiles. Bueno sería que los sectores que pueden acceder a estandares de vida dignos pudieran entenderlo y no observar estas políticas sociales con una lógica simplista. Sería bueno también que algunos medios de comunicación que nutren la opinión de estos sectores, asuman una visión un poco más amplia de la problemática.
El presidente Roca lo dijo claramente en su mensaje al Congreso, destacando que usaría todos los resortes del Estado para reprimir cualquier perturbación del orden o cualquier levantamiento contra la autoridad nacional.
¿Que pasa hoy? ¿Son comparables las situaciones?
Los gobernantes argentinos del último cuarto del siglo XIX tuvieron una preocupación excluyente: asegurar el orden interno. Habiendo orden interno, la burguesía agraria y exportadora podría desarrollarse. Y a la vez, aportar financiamiento para el estado, el cual a su vez lo reinvierte en desarrollar los mecanismos adecuados para la consolidación del orden. Dijo también el presidente Roca: "Paz y Administración", en clara concordancia con este objetivo.
¿Y qué factores podían perturbar el orden necesario para el desarrollo de los negocios? En primer lugar, el caudilaje levantísco, del cual, Peñaloza, Varela, López Jordán, constituyeron los últimos estertores. Curioso fue que hombres del orden, como Mitre y Tejedor, asumieran posturas atentatorias contra la consolidación de la "autorictas" del estado nacional. En segundo lugar, los aborígenes del sur, que con su presencia impedían la incorporación de miles de hectáreas de territorio para la actividad agropecuaria. Todos estos problemas fueron oportunamente solucionados, y para 1880 Roca recibía un estado en funcionamiento, operando, y con un aparato represivo listo para actuar en cualquier punto de la República.
Estamos hoy ante una nueva necesidad de orden, orden que permita el progreso. ¿Cuáles son los factores que pueden perjudicar ese orden? Varios. En primer lugar la potencial -y también actual- actividad demandante de amplios sectores de la sociedad excluidos del aparato productivo. En segundo lugar, la actividad desestabilizadora de algunos sectores de la sociedad que detentan poder informal dentro de ella, pero no por eso menos amenazante.
Contrariamente a lo que puedan reclamar algunos sectores de la sociedad, en el sentido de aplicar lo que vulgarmente se llama "mano dura", el presente gobierno se caracteriza por resistir la recurrencia a políticas de este tipo. En esto guarda una particular coherencia con su política de derechos humanos y de revisión del pasado reciente vínculado a los abusos cometidos durante el último gobierno de facto.
Tal como están las cosas el día de hoy, bien sea por íntima convicción, bien sea por que una política represiva contribuiría a generar caos antes que orden, este gobierno apunta a la implementación de políticas sociales basadas en la transferencia de recursos a estos sectores excluidos.
Que una persona quede fuera del circuito productivo es una cosa, pero quedar fuera del circuito de consumo, es otra.
Sería interesante considerar como influye esta transferencia de capacidad de consumo a estos sectores excluidos, sobre la generación de actividad economica para los sectores llamemosles "incluidos".
Para que se entienda: una persona que recibe un subsidio en caracter de asignación universal por hijo, o por una plan jefes o jefas de hogar, o por el canal que fuere, es una persona que está consumiendo algún producto, algun bien, generado por la actividad económica. Es decir, son parte de la demanda.
Si hubiera que atender al reclamo de algunos sectores medios de la sociedad, por el cual, los beneficiarios de estas asignaciones no producen nada y por lo tanto es injusto darles estas asignaciones, habría que hacerles notar que en realidad lo que se esta haciendo, ademas de contribuir en algo a satisfacer las necesidades de estos sectores excluidos, es generar consumo y sostener la actividad económica.
Las asignaciones sociales permiten entonces 1) cubrir en alguna medida las necesidades de los sectores excluidos -desde ya que no les van a solucionar la vida-, 2) mantener el nivel de actividad económica de algunos segmentos del aparato productivo que de alguna manera trabajan para ese mercado interno, y 3) preservar algun nivel considerable de orden social, necesario para el desarrollo de las actividads económicas.
Sería ocioso decir que si un desocupado no tuviera la oferta del estado para acceder a alguno de estos planes sociales, -que a su vez le permite por lo menos poner algo sobre la mesa de su casa- esa persona es un potencial piquetero, o aun peor, un potencial criminal.
A diferencia de Roca, no podemos hay asegurar el orden con los Remington. No podemos y no debemos. La solución no es la más adecuada. Pero debería verse esto como algo transitorio, como una etapa dentro de un proceso mas amplio.
Roca y los que le sucedieron en el tiempo, entiendieron que la solución represiva sirve por que es efectiva en lo inmediato, pero no lo es asi en el largo plazo -un gobierno no puede sostenerse exclusivamente por su fuerza represiva-. Por eso la acompañaron con la herramienta de largo plazo, es decir, la educación.
Este gobierno acierta en la solución inmediata, y se ha sabido administrar lo suficientemente bien como para poder implementarla, dado que los millones que se destinan en asignaciones son salen de la nada.
A su vez, y al igual que los dirigentes de fin de siglo XIX, apuntan especialmente a la educación, la solución de largo plazo, aunque sin tocar por ahora, a mi criterio, los puntos neurálgicos de reforma.
En síntesis: la formula de orden y progreso sigue tan vigente como antes. Sólo que ahora el orden deviene de la ayuda estatal, no de la boca de los fusiles. Bueno sería que los sectores que pueden acceder a estandares de vida dignos pudieran entenderlo y no observar estas políticas sociales con una lógica simplista. Sería bueno también que algunos medios de comunicación que nutren la opinión de estos sectores, asuman una visión un poco más amplia de la problemática.
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