Unidos por el espanto...
Celebre es el dicho popular que reza "No los une el amor, sino el espanto"...
La historia de la uniones, digamos, "espantosas", es por demás fructifera.
Lo que debiera estar separado, inexplicablemente, se junta.
¿Por qué?
La naturaleza de estas uniones se podría explicar a partir de dos circunstancias y de dos finalidades.
Con respecto a las circunstancias:
1) la unión es impuesta por las circunstancias, de manera tal que, su no realización, implicaría un perjuicio para los potenciales asociados (unión impuesta, no deseada)
2) la unión no es inmediatamente necesaria, pero su realización implicaría un beneficio
para los potenciales asociados (unión no impuesta, deseada)
Con respecto a la finalidad:
1) la unión tiene por finalidad terminar, aniquilar, destruir un estado de cosas que, de seguir existiendo, implicaría un perjuicio para los potenciales asociados (unión destructiva).
2) la unión tiene por finalidad promover la creación de un estado de cosas cuya existencia
implicaría un beneficio para los potenciales asociados (unión constructiva)
Para el caso que nos reune, según el título de esta entrada, estaríamos tratando de analizar aquellas uniones producidas, no por el "amor" entre los asociados -digamos, comunidad de ideas, comunidad de valores, de principios- sino por el espanto, es decir, el miedo a una realidad
"espantosa", una realidad que les es contraria, advrsa, que no les conviene, que no comparten,
que no quieren.
Trataremos de analizar la una unión de opuestos, de contrarios, impuesta por las circusntancias, no deseada, y con una finalidad destructiva.
La lógica propia de una unión normalmente ilógica, implica que, conseguida la finalidad que los convocó, sus integrantes debieran naturalmente retomar su caracter opositor y contrario.
Para obtener esa finalidad destructiva los asociados deben "suspender" momentaneamente el imperativo opositor que naturalemente existe entre ellos, por lo menos hasta que se logre la finalidad que los unió. El problema que existe es el siguiente: ¿hasta que punto esa natural
oposición entre asociados contrarios puede interferir con el logro del objetivo que circunstancialmente los une? ¿Tendrán los asociados opuestos la capacidad suficiente como para contener su natural oposición a efectos de lograr la finalidad que los convocó?
Analicemos algunos ejemplos de este tipo de uniones y sus resultados.
Juan Galo Lavalle, general argentino, en 1838 se alía con los franceses, que en ese momento realizaban una intervención armada contra la Confederación Argentina, con la finalidad de
terminar con Juan Manuel de Rosas, gobernador de la provincia de Buenos Aires. Sus escrupulos como argentino no interfirieron para unirse con aquellos que debieran ser sus enemigos, con tal
de destruir a Rosas.
Justo José de Urquiza, gobernador de la provincia de Entre Rios y general de la Confederación, se alió con el Brasil para crear el llamado Ejército Grande con identica finalidad respecto de Rosas.
En la década de 1920, los radicales anti yrigoyenistas no tuvieron problema en juntarse con los
conservadores para oponerse a Yrigoyen.
Los socialistas independientes -sí, socialistas, presuntamente defensores de las clases
trabajadoras- tampoco trepidaron para incorporarse a la reunión antes mencionada.
La Concordancia de la década del 30 y la Unión Democrática del 45 constituyen una continuidad
de esa unión calificada oportunamente por los radicales como contubernio.
Las conspiraciones golpistas contra Perón, encontraba re - unidos a radicales, conservadores, comunistas, socialistas, católicos, nacionalistas, militares, etc. etc.
El radical Fernando de la Rua, el peronista Carlos "Chacho" Alvarez y la progresista Graciela Fernández Meijide "olvidaron" sus diferencias para enfrentar a Carlos Memem.
El colombiano Francisco De Narvaez, los peronistas Felipe Sola y Eduardo Duhalde, el... (¿qué es Macri?) digamos "liberal de derecha" Macri, se muestran en sintonía con la Sociedad Rural, junto con otros peronistas, tales como Rodriguez Saa o Das Neves. Se puede sumar a esta asociación un poco de Elisa Carrio y otro poco de Julio Cobos. ¿Todo para qué? Para oponerse
-destructivamente- a la Presidenta Cristina Fernández.
A lo largo de la historia, se ha visto que el éxito de estas uniones temporales, circunstanciales, oportunistas, ha sido variado. Queda claro que para realizarlas se han transado ideales y principios. Nada que no se pueda solucionar con una buena dosis de ranitidina.
Sin embargo, el desencuentro y el conflicto interno en estas asociaciones, es inevitable, fatal. Incluso antes de lograr aquello por lo cual se juntaron.
Y esto es así porque en definitiva, no los une el amor, sino el espanto.
La historia de la uniones, digamos, "espantosas", es por demás fructifera.
Lo que debiera estar separado, inexplicablemente, se junta.
¿Por qué?
La naturaleza de estas uniones se podría explicar a partir de dos circunstancias y de dos finalidades.
Con respecto a las circunstancias:
1) la unión es impuesta por las circunstancias, de manera tal que, su no realización, implicaría un perjuicio para los potenciales asociados (unión impuesta, no deseada)
2) la unión no es inmediatamente necesaria, pero su realización implicaría un beneficio
para los potenciales asociados (unión no impuesta, deseada)
Con respecto a la finalidad:
1) la unión tiene por finalidad terminar, aniquilar, destruir un estado de cosas que, de seguir existiendo, implicaría un perjuicio para los potenciales asociados (unión destructiva).
2) la unión tiene por finalidad promover la creación de un estado de cosas cuya existencia
implicaría un beneficio para los potenciales asociados (unión constructiva)
Para el caso que nos reune, según el título de esta entrada, estaríamos tratando de analizar aquellas uniones producidas, no por el "amor" entre los asociados -digamos, comunidad de ideas, comunidad de valores, de principios- sino por el espanto, es decir, el miedo a una realidad
"espantosa", una realidad que les es contraria, advrsa, que no les conviene, que no comparten,
que no quieren.
Trataremos de analizar la una unión de opuestos, de contrarios, impuesta por las circusntancias, no deseada, y con una finalidad destructiva.
La lógica propia de una unión normalmente ilógica, implica que, conseguida la finalidad que los convocó, sus integrantes debieran naturalmente retomar su caracter opositor y contrario.
Para obtener esa finalidad destructiva los asociados deben "suspender" momentaneamente el imperativo opositor que naturalemente existe entre ellos, por lo menos hasta que se logre la finalidad que los unió. El problema que existe es el siguiente: ¿hasta que punto esa natural
oposición entre asociados contrarios puede interferir con el logro del objetivo que circunstancialmente los une? ¿Tendrán los asociados opuestos la capacidad suficiente como para contener su natural oposición a efectos de lograr la finalidad que los convocó?
Analicemos algunos ejemplos de este tipo de uniones y sus resultados.
Juan Galo Lavalle, general argentino, en 1838 se alía con los franceses, que en ese momento realizaban una intervención armada contra la Confederación Argentina, con la finalidad de
terminar con Juan Manuel de Rosas, gobernador de la provincia de Buenos Aires. Sus escrupulos como argentino no interfirieron para unirse con aquellos que debieran ser sus enemigos, con tal
de destruir a Rosas.
Justo José de Urquiza, gobernador de la provincia de Entre Rios y general de la Confederación, se alió con el Brasil para crear el llamado Ejército Grande con identica finalidad respecto de Rosas.
En la década de 1920, los radicales anti yrigoyenistas no tuvieron problema en juntarse con los
conservadores para oponerse a Yrigoyen.
Los socialistas independientes -sí, socialistas, presuntamente defensores de las clases
trabajadoras- tampoco trepidaron para incorporarse a la reunión antes mencionada.
La Concordancia de la década del 30 y la Unión Democrática del 45 constituyen una continuidad
de esa unión calificada oportunamente por los radicales como contubernio.
Las conspiraciones golpistas contra Perón, encontraba re - unidos a radicales, conservadores, comunistas, socialistas, católicos, nacionalistas, militares, etc. etc.
El radical Fernando de la Rua, el peronista Carlos "Chacho" Alvarez y la progresista Graciela Fernández Meijide "olvidaron" sus diferencias para enfrentar a Carlos Memem.
El colombiano Francisco De Narvaez, los peronistas Felipe Sola y Eduardo Duhalde, el... (¿qué es Macri?) digamos "liberal de derecha" Macri, se muestran en sintonía con la Sociedad Rural, junto con otros peronistas, tales como Rodriguez Saa o Das Neves. Se puede sumar a esta asociación un poco de Elisa Carrio y otro poco de Julio Cobos. ¿Todo para qué? Para oponerse
-destructivamente- a la Presidenta Cristina Fernández.
A lo largo de la historia, se ha visto que el éxito de estas uniones temporales, circunstanciales, oportunistas, ha sido variado. Queda claro que para realizarlas se han transado ideales y principios. Nada que no se pueda solucionar con una buena dosis de ranitidina.
Sin embargo, el desencuentro y el conflicto interno en estas asociaciones, es inevitable, fatal. Incluso antes de lograr aquello por lo cual se juntaron.
Y esto es así porque en definitiva, no los une el amor, sino el espanto.
Siempre me han molestado estas uniones de opuestos "impuestas por las circunstancias" con finalidad destructiva. Las veo como oportunistas y cínicas, y como vos bien decís el desencuentro y el conflicto interno es inevitable y fatal. Ahora, lo preocupante no es sólo que se den estas uniones destructivas sino que la masa a la que llamamos "pueblo" las avale (ojo, no pongo a todos en la misma bolsa). Pero es cierto que para que triunfen estas pseudoalianzas deben se apoyadas por una multitud o bien por el poder económico. Sucedió en muchos momentos de nuestras historia, sigue sucediendo hoy. Yo me pregunto qué entenderá el argentino por democracia, cuando fue partícipe y garante de 5 golpes de estado en lo que fue del siglo XX y qué entenderá por nación.
ResponderEliminarMuy bueno tu blog Adrián. Me parece necesario terminar con el karma del "mejor no hablar de ciertas cosas" o del "no te metás" que tanto mal nos hizo. Un abrazo.
Siempre me han molestado por demás la uniones de opuestos "impuestas por las circunstancias", con finalidad destructiva. Me parecen oportunistas y cínicas(como diría Sjloterdik). Coincido en que como vos bien decís el desencuentro y el conflicto interno es inevitable y en la mayoría de los casos fatal. Ahora, lo que me preocupa es que estas "pseudoalianzas" (porque penden de un hilo) sean avaladadas por gran parte de la sociedad (ojo, no meto a todos en la misma bolsa), sino por una parte importante, como ha ocurrido tantas otras veces. No puedo dejar de preguntarme cuando pienso en estos ejemplos que vos citás, qué entiende el argentino por democracia, cuando fue partícipe y garante de 5 golpes de estado en lo que duró el siglo XX, y qué entiende por nación, cuando en la primavera menemista (por poner un ejemplo) celebró los viajes a Miami, el auto 0 km, la ropa y otras cosas importadas y fue testigo mudo del vaciamiento de la industria nacional, los ferrocarriles, el deterioro en los sistemas de salud y educativos. No sé, realmente me lo pregunto porque no lo puedo entender.
ResponderEliminarMuy bueno el blog, Adrián. Es necesario romper con el "mejor no hablar de ciertas cosas" o el "no te metás" que tanto daño le ha hecho a nuestra sociedad. Un abrazo desde Capilla!